lunes, 19 de mayo de 2008

REFLEXIÓN

La Observación:
María Montesssori utilizó la observación para crear su método y nos invitó a que nuestras acciones para con los niños estén guiadas por ésta.
Los niños son maestros de observación; ellos desde que nacen pasan su vida observando y captan hasta el más mínimo detalle; generalmente se sienten atraídos por lo diminuto y allí, por su actitud, parece que pueden ver lo grade. En ellos existe la capacidad de maravillarse porque para ellos todo es nuevo. En el niño es natural observar y explorar y esto le permite conocer el mundo que lo rodea.
Para nosotros, adultos, observar es una arte, una habilidad que hay que ejercitar porque los afanes de la vide nos la hacen perder.
La observación al niño tiene dos propósitos fundamentales:
1. conocer sus verdaderas necesidades o sus poderes internos, y
2. saber cuando darle o no una ayuda, es decir determinar cuando una ayuda que le demos es necesaria y cuando es inútil.
La mayor fuente de conocimiento del niño es el niño mismo si nos dedicamos a observarlo. El pequeño nos dice sus necesidades y lo que espera de nosotros, no con sus palabras, sino con sus acciones. El muestra un sentimiento de bienestar, de alegría y satisfacción cuando están siendo satisfechas sus necesidades y por el contrario, un sentimiento de malestar cuando el adulto no las toma en cuenta; es en esos momentos cuando se presentan los caprichos o berrinches.

El niño menor de 6 años lo que más necesita del adulto que lo acompaña en su desarrollo, es poder seguir su guía interna, la cual lo impulsa a actuar y a satisfacer sus necesidades de orden, de movimiento, de lenguaje y comunicación, de explorar con sus sentidos y refinarlos, de asimilar imágenes de la realidad, de detenerse ante lo pequeño, de admirar, de independencia y de relacionarse sanamente con los seres que lo rodean y con un ser trascendente.

El ambiente montessori, Comunidad Infantil o Casa de niños, está preparado para cumplir con esta finalidad de satisfacer las necesidades del niño y tal vez los que han ido a observar a MI CABAÑITA, en el “mes de las puertas abiertas” lo hayan podido constatar. También en casa, los padres pueden preparar ciertas condiciones y ofrecer actividades orientadas a este fin.

Además del ambiente preparado, el adulto se debe preparar, porque observar supone detener un poco nuestras acciones, esperando a que el niño por el mismo solucione sus dificultades; y en nosotros, generalmente, hay una tendencia a intervenir demasiado. El niño desde muy pequeño nos está diciendo: “yo solo, yo solito” o como nos dice la Dra Montessori: “Ayúdame a hacerlo por mi mismo”. Permitirle al niño la independencia es una gran ayuda a su desarrollo, pero cuanta paciencia y respeto al ritmo supone de nuestra parte.

La tarea es no solo observar a los niños, sino también a nosotros mismos para conocernos más y poder trabajar en ser mejores seres humanos. Seguramente en la tarea de ser padres hemos descubierto cosas nuevas de nuestro ser que ayudan o obstaculizan el desarrollo del niño. Practicar la observación genera en nosotros la fuerza capaz de transformarnos para ser eficientes, es un proceso activo que produce como resultado el gozo de descubrir y desarrolla en nosotros la paciencia y la comprensión, que son base del amor.

Tanto las Guías como los padres, si practicamos cada vez más esta habilidad de la observación, podremos ser mejores ayudas al niño en su tarea cósmica de construir su ser.

M.T.L.G.

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